El día 12 de mayo no es un día cualquiera, en este día se celebra el Día Internacional de la Enfermería en el que se rinde homenaje al natalicio de Florence Nightingale, enfermera precursora de la enfermería moderna y a la que se le atribuye la creación de la Enfermería Profesional.
Raúl Prieto, presidente del Colegio Oficial de Enfermería de Guadalajara, junto con Elena Martín Ruiz, Gerente del Área Integrada de Guadalajara y Alberto Diaz Pedregal, Director de Enfermería de la GAI de Guadalajara, se encargaron de la apertura de la jornada que acogió el hospital general de Guadalajara con motivo del Día Internacional de la Enfermería.
Raúl Prieto, en un emotivo discurso, quiso poner en valor todo lo que la enfermería realiza, no solo en el ámbito profesional de los cuidados, sino también en lo personal, familiar…, y poner en valor a la profesión dentro del sistema sanitario.
«Hoy, en este día, no podemos comenzar sin rendir homenaje a la mujer que sembró la semilla de lo que hoy entendemos como el cuidado profesional y humano: Florence Nightingale.
Hace más de 160 años, en medio del caos de la guerra y el dolor del abandono, Florence alzo una lámpara, símbolo de su vigilia incansable, y con ella ilumino no solo los pasillos oscuros de un hospital militar, sino también el camino de toda una profesión.
Su figura se convirtió en faro, no solo por lo que hacía sino por lo que representaba. Hoy esa luz no se ha apagado.
Hoy para muchos, es un día más. Para otros, es primavera, trabajo, rutina. Pero para nosotros, para los que sentimos esta vocación como una parte inseparable de nuestra piel, este no es un día cualquiera. HOY ES EL DIA INTERNACIONAL DE LA ENFERMERÍA.
¡Hoy es nuestro día!!
Y no es fácil poner en palabras lo que significa ser enfermera. No se puede explicar con una definición de diccionario, ni se resume con una bata blanca o un uniforme. Ser enfermera es, ante todo, una forma de amar la vida, incluso cuando la vida duele. Es cuidar con la mente, con el cuerpo y con el alma. Es estar en los momentos más duros y también en los más hermosos. Es ser presencia, voz, manos, mirada… cuando nadie más está.
Hoy quiero que hagamos una pausa, que respiremos hondo. Que dejemos por un momento el reloj, los turnos, las prisas, los protocolos. Hoy quiero invitaros a mirar hacia dentro. A recordar. A sentir.
¿Os acordáis del primer paciente que cuidasteis? ¿De esa primera noche de guardia en la que pensasteis: “¿podre con esto?”. ¿De la vez que tomasteis una mano temblorosa antes de una operación? ¿De cuándo acompañasteis a una familia a despedirse de alguien que amaba?
Cada uno de estos momentos os construyó. Cada palabra susurrada, cada lágrima contenida, cada sonrisa compartida, cada decisión difícil…os hizo crecer. No solo como profesionales, sino como personas. Porque ser enfermera no es solo saber hacer, es saber estar, es saber ser.
A veces el mundo no lo ve. A veces se nos exige sin medida y se nos reconoce poco. A veces trabajamos en la sombra, sin horarios, sin pausas. Pero aquí estamos. Siempre estamos.
Porque la enfermería no se apaga al salir del hospital. Vive con nosotros. Respira con nosotros. Nos atraviesa. Nos transforma. Somos el corazón de los cuidados. Porque podemos tener los equipos más avanzados, los tratamientos más sofisticados, los hospitales más modernos…pero sin ese corazón que late junto al del paciente, sin esa voz que calma, sin esa mirada que comprende, sin esa enfermera que sostiene…el sistema pierde su alma.
A veces somos los primeros que ven una vida llegar al mundo. Y otras los que acompañan a alguien en su partida.
A veces curamos heridas físicas, y otras veces curamos heridas que no se ven: el miedo, la soledad, la incertidumbre. Somos ciencia, somos técnica, pero también somos arte, intuición, ternura.
Y si, también somo humanos. También nos cansamos. También lloramos al salir de una habitación. También nos frustramos cuando no podemos hacer más. También sentimos rabia cuando no se nos escucha, o cuando se olvida que detrás de nuestro uniforme hay una persona que cuida, pero que también necesita ser cuidada.
Por eso hoy más que nunca, quiero dar las gracias.
Gracias a los que estáis en primera línea. Gracias a los que trabajan en hospitales, centros de salud, en domicilios, en escuelas, en emergencias, en investigación, en cooperación, en docencia.
Gracias a los que forman a las nuevas generaciones, a quienes defienden nuestros derechos, a quienes abren camino con esfuerzo y sin perder la esperanza.
Gracias también a quienes ya no están, pero nos enseñaron con su ejemplo qué significa ser enfermera con mayúsculas. Su legado vive en cada uno de nosotros.
Y gracias a nuestras familias que entienden nuestras ausencias, que ven nuestras ojeras, que soportan nuestras preocupaciones, que celebran nuestras pequeñas victorias y que caminan con nosotros en silencio.
La enfermería es un viaje. No siempre es fácil. A veces hay noches largas, pacientes difíciles, decisiones que pesan. Pero también hay historias que sanan, miradas que dicen “gracias”, vidas que se salvan, equipos que se convierten en familia. Y por eso seguimos. Por eso no nos rendimos. Porque sabemos que lo que hacemos importa. Que lo que somos importa.
Hoy en este día internacional de la Enfermería os invito a celebrar no solo lo que hacemos, sino todo lo que somos. A celebrar nuestra fuerza, nuestra sensibilidad, nuestra entrega. A celebrar que en un mundo que a veces parece deshumanizado, nosotros decidimos cuidar.
Y cuidar, amigos y amigas, es un acto profundamente humano. Es un acto de amor.
Que nadie nos haga sentir que somos menos.
Que nadie silencie nuestra voz.
Que nadie dude de nuestro valor.
Porque la enfermería no es el futuro. La enfermería es el presente que sostiene el mundo.
Feliz día a todos.
Gracias por lo que hacéis.
Gracias por lo que sois.
Y gracias por seguir haciendo de esta profesión, una forma de esperanza».


